Con esto de estar rodeada de folios hasta las cejas y no tener tiempo ni para mirarme al espejo y...reconocerme. No he podido evitar caer en la recurrente melancolía por aquellos tiempos en los que ibas al colegio y tu única preocupación era cómo emplear tu tiempo en el recreo. Y esto, de una forma u otra, te lleva a hacer un repaso de los compañeros que no has vuelto a ver, de las excursiones que siempre fueron una buena excusa para no ir a clase, de los profesores que antes te provocaban respeto y ahora te provocan una carcajada maléfica e inevitable y, por supuesto, de las asignaturas que siempre odiaste porque siendo tan pequeño ( por lo menos en mi caso) nunca adoraste ninguna lo suficiente como para recordarla.
Y entre esos odios caducos e infantiles, me he encontrado con las matemáticas y todos sus representantes a lo largo de mi experiencia académica. Recuerdo que, entre otras muchas cosas, ya en 1º de primaria, cuando esta asignatura todavía no tenía una relación directa con los números y ecuaciones persecutorias, nos enseñaban los sistemas de medida. A modo de potaje, todo juntito y bien removido, aprendíamos que el peso se mide en gramos, el tiempo en minutos u horas, la distancia o longitud en metros y la temperatura en grados centígrados.
Ahora, años (bastantes) más tarde, entiendo por qué la asignatura nunca llegó a entusiasmarme. Digamos que nunca me gustaron las limitaciones, en este caso esa frase de: " sin embargo, chicos, hay cosas que no tienen una unidad de medida, por ejemplo: los sentimientos"). Así que me propongo a mi misma acabar con esa parte que, a mi parecer, les faltaba a las matemáticas...partiendo de la base, de la raíz del problema: los sistemas métricos. Para, de este modo, probar si solucionando el origen del problema puedo reconciliarme con esta materia de la que, a día de hoy, no consigo librarme.
En primer lugar, voy a intentar empezar a establecer unidades de medidas provisionales (o no) de los denominados sentimientos. Por ejemplo: ¿Quién dice que la paciencia no se pueda medir en el número de decepciones acumulables posible?, ¿ o que el enamoramiento no es más que el número de tonterías posibles a llevar a cabo por alguien?
Y con toda esta ( i )lógica reflexión no he hecho más que darme cuenta de un par de cosas:
Que tu casa y la mía están a 3 canciones tristes de distancia. Y que yo estoy a 2 sonrisas y 3 confesiones, que suenen bien y no digan nada, de cometer un error.
Así, no me queda otra que empezar de cero y dejar de medir la distancia en metros, el peso en gramos, el tiempo en minutos u horas y la temperatura en grados centígrados. De hoy en adelante,utilizaré mi propio sistema métrico.
 |
| Cerrado por reformas. |
Puede que todo esto te parezca una tontería, pero tú, por si acaso, hazme caso y no sonrías.